Eva & Sander – Boda 19/09/2008

[vc_row][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]Son las 11 de la mañana y esperamos ansiosos en La Hacienda la llegada de Sander y Eva. Se casaron en Jacaranda un 19 de septiembre de 2008 y vienen a contarnos cómo ha cambiado su vida desde aquel día.

Ya llegan… aparcan justo en la entrada y del coche se baja la pequeña Gabriela, vestida con una bonita falda de tul rosa. Gabriela quería venir vestida como una princesa, igual que su mamá la última vez que vino a la Hacienda aquel viernes de septiembre en la que le dio el “Sí, quiero” a Sander.

“Elegimos un viernes para casarnos porque muchos invitados eran de fuera y aprovecharon para disfrutar de todo el fin de semana con nosotros aquí en España”, nos cuenta Eva. Y es que Sander es holandés, y conoció a Eva durante unas vacaciones en el Puerto de Santa María.

“Hacienda Jacaranda era el lugar perfecto, no queríamos hacer el banquete en el típico hotel de ciudad, buscábamos algo especial, que hiciera sentir cómodos a la familia y amigos de Sander, que se han criado rodeados de naturaleza”. Además, Hacienda Jacaranda está muy cerca de Manzanares el Real, localidad donde Eva pasó gran parte de su infancia y lugar dónde se encuentra la Iglesia en la que celebraron la ceremonia.

Eva nos cuenta que la Hacienda sigue tan cuidada y frondosa como siempre, aunque echa en falta los arbustos de lavanda que tanto le llamaron la atención al conocer la Hacienda, y por los que decidió colocar un bonito lazo morado en su vestido de novia.

“El cóctel, la bajada al salón, la cena, el baile… todo fue perfecto, pero si tuviera que elegir algún momento especial me quedaría con el vídeo sorpresa que me preparó Sander, el speech en holandés de su madre, que su hermana iba traduciendo al español simultáneamente, o la entrega del ramo a mi hermana Raquel, ¡con la que acabamos llorando todos!”.

“Me encantan las bodas españolas, porque aquí los invitados participan en todo, en la ceremonia, la cena, la fiesta… en Holanda se marcan más las diferencias, y a la cena solo acuden los amigos más íntimos y familiares”, nos cuenta Sander, aunque la suya fue una boda muy internacional, con momentos especiales y únicos para todos los invitados.

Sander y Eva percibieron algunos cambios en la finca, como el empedrado de los jardines, las mejoras del ascensor y sala de lactancia, el nuevo mobiliario de los jardines… nos dicen que a pesar de haber cambiado de trabajo, el cambio más significativo para ellos fue el nacimiento de la pequeña Gabriela, que redecoró sus vidas.

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